Revista Servicio 286

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Editorial
  • Justicia social: la dignidad de la persona en el centro

    El Mensaje de los Obispos al concluir la 95ª Asamblea Plenaria de la CECh, el 18 de abril de 2008, ha puesto sobre la mesa las consideraciones éticas involucradas en diversos debates y situaciones que enfrenta la sociedad civil en nuestro país y que constituyen una innegable preocupación. Desde el respeto, ofrecemos a todas las personas de buena voluntad, y en particular a los creyentes, una mirada desde la esperanza del Evangelio a algunos dilemas actuales de nuestra convivencia. Muy valioso sería que estos seis puntos del Mensaje, que se encuentra en la sección “Declaraciones” de esta edición, pudieran ser analizados en nuestras comunidades y que esa reflexión pueda abrir un diálogo constructivo que se extienda hacia otras instancias.

    ¿Cuáles son nuestras preocupaciones de fondo? Ante todo, nos parece sintomática la existencia de un clima de beligerancia y conflictividad que, en diversos grados y en distintos ámbitos del tejido social, progresivamente va horadando los valiosos frutos de diálogos y acuerdos que el país busca y valora. No creemos que sea un buen camino para Chile ignorar o desconsiderar nuestra vocación de entendimiento. La manera de aportar, desde nuestras legítimas diferencias, es contribuyendo todos a grandes consensos en servicio al bien común, especialmente de los que más sufren. Sin embargo, desde algunos sectores se insiste en promover el quiebre, el enfrentamiento y la ruptura.

    Desde esta realidad, el respeto a la persona humana y su dignidad es el gran llamado que nos sentimos interpelados a proponer a nuestra sociedad en este tiempo. Y en un período pre-electoral marcado por acusaciones y dictámenes con gran debate público, no siempre en el marco de la amistad cívica y el respeto, sentimos como un imperativo moral situar esta mirada en el centro de las reflexiones. Las aproximaciones reduccionistas e ideologizadas en estos debates nos llevan, lamentablemente, a la imposibilidad práctica del diálogo. En cambio, la valoración de la persona y de su dignidad nos parece que es el camino posible, la puerta abierta hacia el diálogo y el encuentro respetuoso que nos permita avanzar, como sociedad, hacia los desafíos que el país nos exige a todos.

    El país enfrenta, además, situaciones de incertidumbre en el plano económico que se traducen en mayor dificultad para los sectores más empobrecidos del país. Es un período en que la seguridad del empleo y las condiciones laborales se vuelven un asunto gravitante para la estabilidad familiar. Los conflictos recientes en “Codelco”, en la industria del salmón, así como en varios otros rubros de la producción, han confirmado nuestros temores del año 2007, en el sentido de que “habrá justicia social cuando sea el bien común y no el interés particular el que regule la distribución de los bienes” (San Alberto Hurtado, 1939). Junto al Santo Padre recordamos que para alcanzar la paz social “es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad. Cuando prevalece la lógica del lucro, aumenta la desproporción entre pobres y ricos, así como una explotación dañina del planeta. Por el contrario, cuando prevalece la lógica del compartir y de la solidaridad, se puede corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo, para el bien común de todos” (S.S. Benedicto XVI, 2007).

    Confiamos en que autoridades y dirigentes sociales sabrán trazar el mejor camino para generar políticas que apunten en este sentido. Confiamos también en el aporte que harán, en sus respectivos campos, los constructores de la sociedad; en las opciones informadas que tomará el electorado, conforme a proyectos y programas; y en la generosa vocación de los jóvenes, cuya esperanza nos animará, ciertamente, en la búsqueda de las mejores decisiones. En este contexto, los católicos queremos ser testigos de Jesucristo “camino, verdad y vida”, que pasó por la vida haciendo el bien. La Virgen del Carmen nos acompañará en este itinerario al que nos invita el Señor: ser sus discípulos misioneros para la vida de Chile.

    Cristián Contreras Villarroel
    Obispo Auxiliar y Vicario General de Santiago
    Secretario General de la CECH